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"La desamortización de Mendizábal en la provincia de Zaragoza (1836-1851)".  P. Marteles, 1990. (pmartele@pie.xtec.es)

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5.3.-  ANÁLISIS DE LOS COMPRADORES 

NOTA PREVIA

En los apartados que siguen abordaremos las mismas variables que nos vienen siendo familiares y que aportan información sobre las fincas, los dueños originarios o los compradores. Todas esas variables ya fueron abordadas, considerándolas individualmente, en la primera parte de nuestro análisis y lo único que se hace ahora es cruzarlas con una característica determinada de los compradores. En la mayoría de los cuadros la variable principal de la primera columna que sirve para generar las filas se desglosa en función de la "importancia del comprador"

Un comprador puede ser más o menos importante según la óptica desde la cual se le observe. En ocasiones lo hacemos en función del valor total de sus remates y otras en función del número de fincas o del total de extensión adquirida. La calificación de un comprador como más o menos importante se ha realizado a a base de ordenar todos los compradores (en el caso de la extensión sólo los que adquieren fincas con superficie conocida) por el total de esos conceptos y de mayor a menor. El primer 25% de nombres de la lista son considerados "Grandes", el 50% siguiente "Medianos" y el 25% restante "Pequeños". Es decir, en nuestro total de 1133 compradores de la provincia a 567 se les considera de mediana importancia y a la mitad de ese número (283) de cada una de las otras dos categorías.

La "importancia" es pues una categoría en términos relativos que no depende básicamente de lo que cada comprador adquirió sino de la posición que ocupa después de ver lo que compraron los demás. Los cuadros resultan repetitivos y su presentación monótona y necesariamente breve ya que en la mayoría de los casos son matices de detalle de un interés muy local o concreto. A un lector que no esté muy especialmente interesado le deja del todo indiferente el hecho de que en el partido judicial tal o cual la proporción de medianos compradores sea mayor que en otros o que adquieran un porcentaje mayor o menor de extensión rústica.

En todos los cuadros los porcentajes hacen referencia al total desamortizado en la provincia (excepto los evidentes de fila tales como los que muestran la proporción de bienes adquiridos fuera del pueblo o del partido) con objeto de dar una visión global. Ello conduce a que la mayoría de los porcentajes sean muy pequeños cuando sean muchas las filas que intervienen en el cuadro.

En las tres columnas finales de cada cuadro suelen figurar tres conceptos de mejora en la cotización de las fincas. La final y sin más especificaciones corresponde siempre a la de fila y afecta a todo lo comprado por los compradores de una categoría u otra. En las dos columnas previas se ofrece unas veces la mejora de las fincas adquiridas fuera del pueblo y del partido y en otras la de las fincas adquiridas como rematante o que hubieran sido subastadas más de una vez. Para efectuar estos cálculos ha habido que llevar cuentas separadas del valor inicial y de remate de las fincas adquiridas por cada comprador en cada una de las posibles situaciones de la finca y lo hemos hecho porque creemos que el dato puede ilustrar sobre la conducta de los compradores. Sólo el análisis y comentario riguroso de esos datos podría ocupar muchas páginas de un documentado artículo o publicación científica.

Para evitar errores de interpretación debemos advertir igualmente que la suma del número de compradores que suele aparecer en la tercera columna da más de 1133. El dato con el número de compradores nos ilustra del número de compradores distintos que adquieren bienes de esa clase y como un comprador grande o de cualquier tipo puede haber comprado rústica y también urbana lo correcto es que aparezca contabilizado en ambas filas. Los porcentajes de número de compradores se han calculado con respecto al total de 1133 compradores diferentes que hubo en la provincia y por consiguiente, si los sumásemos nos darían más de 100. Tal como están nos informan del porcentaje de personas distintas que intervienen comprando bienes del tipo que sea.

Las medias de remate, rentas, valor inicial y extensión son las correspondientes a las de las fincas y no las de los compradores, pues nos parece más interesante e ilustrativo de las características de los bienes que compran. En muchos cuadros aparece también la media del número de fincas adquiridas por los compradores de la categoría en cuestión.

5.3.1.- VARIABLES DESCRIPTIVAS DE LAS FINCAS

El CUADRO Nº 82 clasifica los compradores de bienes rústicos y urbanos en función de la importancia derivada por el total de su inversión. Tanto en la rústica como en la urbana la proporción de lo adquirido por los compradores importantes muestra sin lugar a dudas a donde fue a parar la mayor parte de lo vendido. Sin embargo, las mejoras de cotización van parejas con la importancia del comprador de una manera tan evidente que en términos globales serviría para invalidar la vieja idea de que los compradores más importantes tenían capacidad para manipular las subastas. Los datos parecen apuntar a que los bienes que peor se vendieron son precisamente los de peor calidad (medias de remate, rentas, valor inicial y extensión más pequeñas) que no fueron objeto del interés de los compradores más importantes.

El detalle del CUADRO Nº 83 nos ilustra de que la falta de correspondencia entre número de fincas y valor de lo rematado. Los nombres que más aparecen no son necesariamente los que se llevan lo mejor (véase las medias). En este caso los del escalón intermedio se llevan una proporción más importante del remate total (aunque no la mayor), se llevan mejores fincas y aportan las mejoras de cotización más elevadas.

A los más importantes los vemos aparecer a casi todos comprando bienes rústicos (el 24.3% sobre el 25% de compradores que conforman la categoría) y no tanto adquiriendo bienes urbanos. Sorprende en ellos la exacta correspondencia de mejora (o de media de remate) entre el total de lo que compraron y lo que adquirieron como rematantes. Y no es que actuaran sólo en uno u otro concepto sino que el 36.1% de las fincas y el 35.6% de los remates los adquirieron rematando las fincas personalmente.

Dado que en principio estos compradores importantes por el número de fincas son los que se "llevaban más fincas" y visto que no estaban interesados únicamente por alguna en concreto o por las de mejor calidad, cabe pensar en ellos como un grupo en el que debía haber bastantes que estuvieran constantemente atentos a todo lo que se fuera vendiendo. Si se quiere se les podría caracterizar como formando parte de la "casta de los compradores avezados".

Sin embargo, y es en extremo paradójico, tanto las mejoras (total, como rematante o por fincas subastadas más de una vez) de ese grupo de importantes compradores (ya sea en rústica o en urbana) como sus porcentajes de lo que compran fuera del pueblo, fuera del partido y de lo rematado directamente, son los que más se aproximan a las obtenidas para el total de la desamortización en la provincia. Es decir, que los rasgos descriptivos de este grupo parecen ser los mismos que podríamos hacer para el total global.

En parte ello tiene que ser así pues los compradores importantes se llevaron una proporción considerable del total vendido (aproximadamente el 70% entre rústica y urbana) y se podría concluir "que la desamortización fueron ellos" y que "el comprador estándar es el comprador importante". Pero dado que de hecho nos estamos refiriendo al 25% del número de compradores ello nos advierte de los posibles riesgos. Hacer juicios sobre la desamortización a partir de cuadros muy esquemáticos que condensen la información en pocas filas puede conducir con más frecuencia de la debida a que se termine por formular juicios erróneos o que no describan lo que pretenden estar describiendo. De ahí la necesidad del detalle y el desglose de conceptos. Estamos seguros de que muchos de los juicios y comentarios que otros autores han formulado sobre la desamortización no habrían sido enunciados, o habrían sido mucho más matizados, de haber contado con el grado de detalle que se expresa en estos cuadros.

Los CUADRO Nº 84, Nº 85, Nº 86 y Nº 87 muestran la participación de las distintas categorías de comprador en la adquisición de fincas de una clase u otra agrupadas por tipos. En el primero de ellos los compradores individuales aparecen distribuidos por rangos en función del total de sus remates y por consiguiente su importancia no es la relativa con respecto a los 1133 de la provincia sino a las cantidades que desembolsaron.

Como muestra de posibles comentarios remitiremos únicamente a la observación, casi en exclusiva, de la primera línea del cuadro 84 que se ocupa de los campos. La participación de los compradores más modestos (310) es masiva y corresponde al 27.4% del total de compradores. Entre todos se llevan el 8% de las fincas de la provincia pero su aportación en remate es solo del 1.1% y, por supuesto, la media de las rentas de las fincas que se llevaron es la más pequeña. Su escasa mejora de cotización nos apunta a que son los que mejor supieron comprar, pero como en ello sabemos que intervienen las formas de pago, recurriremos a otros índices.

Los compradores más modestos que adquieren tierras de labor apenas compran fuera del pueblo (conocen lo que compran) y si compran fuera del partido lo hacen mejorando sustancialmente sus pujas, es decir muy selectivamente. Con solo el 1.1% de los remates de la provincia se llevan bienes que suponen el 1.9% del total de las rentas y el 4.9% de la superficie rústica. Frente a ellos, los compradores que invirtieron de 12 a 50.000rs, con un desembolso global mayor, se llevan un porcentaje inferior de la renta y de la extensión, que son medidas objetivas.

A la vista de ello... ¿no habría que cambiar la imagen tradicionalmente sostenida del modesto campesino que no entiende de juegos de bolsa ni se aclara con la mecánica de las subastas y al que poco menos que todo el mundo engaña?. Los datos parecen apuntar precisamente a que fue ese colectivo precisamente el que mejor supo aprovecharse del sistema, dentro, naturalmente, de su modesta y escasa capacidad económica. Y si como formando parte del "sistema" quisiéramos hacer intervenir el mecanismo de depreciación de las fincas logrando que haya más de una subasta, una simple ojeada a la tercera línea del CUADRO Nº 85 deja bien patente quienes fueron los que se "aprovecharon" del mecanismo (véanse tanto el porcentaje de fincas como el índice de mejora de las fincas subastadas más de una vez y adquiridas por pequeños compradores).

Los CUADRO Nº 88, Nº 89 y Nº 90 al abordar las fincas distinguiendo los tipos concretos y no por categorías permite ver que muchos tipos de bienes fueron privativos de compradores de determinada importancia. En los cuadros anteriores se apreciaba que los pequeños compradores no habían tenido acceso a las torres y bienes de carácter comercial. Ahora podríamos ampliar esa relación incluyendo las casas-bodega, molinos, etc. A partir de estos cuadros tan detallados se puede hablar con propiedad y exactitud sobre los tipos de fincas que fueron comprados por gentes de fuera de la localidad, qué propiedades son las que tendían a subastarse más veces o si las posadas, casas o casas-horno que compraron unos u otros eran de igual valor.

El cuadro 90, que clasifica la importancia de los compradores según el total de extensión rústica adquirida, tiene la ventaja de que nos permite observar el comportamiento de los distintos grupos en el ámbito de los bienes urbanos. ¿Son muchos o pocos los que compran mucha tierra y además participan activamente en la compra de determinados bienes urbanos? ¿Es importante la proporción de los sin extensión que sólo compran bienes urbanos?, etc.

Los CUADRO Nº 91, Nº 92 y Nº 93 clasifican a los compradores por los partidos judiciales en que estaban ubicadas las fincas que compraron. Nos muestran a qué tipo de compradores fueron a parar los bienes desamortizados en ese partido, y lo hacen en los tres casos no por la "importancia" derivada de la ordenación jerárquica sino por categorías derivadas del volumen total de sus remates, el número concreto de fincas o la superficie rústica adquirida. Quizá deberían haberse mostrado los porcentajes referidos al total de cada partido, tal como hicimos en los cuadros 69 y 70, pero de todas formas puede apreciarse para cada grupo el peso relativo dentro del partido a partir de los porcentajes obtenidos con respecto al total provincial.

En el cuadro 91 y a pesar de que los porcentajes de una sola cifra decimal redondeada pueden deformar algo la realidad no deja de resultar sorprendente que en la mayoría de los partidos el porcentaje del remate total que corresponde a los compradores de las tres categorías hasta los 50.000rs sean casi idénticos. Y lo mismo podría decirse del porcentaje de extensión aunque en este caso el dato se deforma por el hecho de que algunos puedan haber comprado más fincas urbanas que otros. Las compras fuera del pueblo y con mayor volumen de cesiones son un rasgo característico del escalón de compradores más importantes y que se detecta en los tres cuadros. La intervención de éstos (incluso por el número de compradores) es de mucho peso en algunos partidos como La Almunia y Zaragoza o incluso llega a predominar tal como sucede en Calatayud y Pina de Ebro. En los partidos de Ateca y Ejea, por el contrario, la mayoría de los compradores son del escalón más modesto.

En el cuadro 92 se aprecia que el haber comprado solo una o dos fincas no significa que fueran peores (puede tomarse como indicativo la extensión media, la media de sus rentas o de remate). En Caspe el hecho es más llamativo que en otros lugares pero en bastantes partidos los que compran más fincas suelen figurar entre los que adquieren fincas más pequeñas.

Los CUADRO Nº 94, Nº 95, Nº 96 y Nº 97 distinguen para las fincas agrupadas por tamaños los tipos de compradores que se interesaron por ellas. En el cuadro 94 la primera columna se refiere a las fincas y la segunda a los compradores, de ahí que en la primera sección del cuadro puedan salir fincas sin extensión rústica (las urbanas) que son rematadas por compradores con extensión (los que compatibilizan un tipo y otro de fincas). El contenido del cuadro 95 es idéntico al anterior pero se han reorganizado las filas en función de la columna de la izquierda que sirve de encabezamiento, que ahora son los compradores por total de extensión adquirida.

En el cuadro 95 aparecen desglosados los totales de los compradores anteriormente mostrados en el cuadro 24 y que sirven de referencia para calibrar el peso de cada dato. Si nos atenemos a los más importantes, los 52 que compraron más de 32 Ha., vemos que casi todos ellos (46) participan una o más veces en la compra de fincas de más de 4 Ha (hay 146) y que en esas fincas es donde las cotizaciones son mejores. Pero no por ello dejaron de participar en compras de fincas de menor extensión, ya que sea cual sea el tamaño de las fincas al menos la mitad (26) de los compradores se vieron siempre involucrados en su adquisición. La proporción de fincas de escaso tamaño que compraron fuera de su pueblo los grandes compradores de rústica es espectacular. La comparación de las proporciones de fincas pequeñas adquiridas por las distintas categorías de comprador se aprecia mejor al principio del cuadro 94.

Los 41 compradores que adquieren entre 16 y 32 Ha. se distribuyen con mucha regularidad comprando fincas de cualquier tamaño (siempre son algo más de la mitad los que compran). Las fincas con una tamaño que ya facilita aproximadamente la posibilidad de convertirse individualmente en una explotación familiar si es terreno de regadío (tramos de 2 a 4 Ha.) se cotizaron mucho mejor entre los compradores de 16 a 32 Ha que las adquiridas por los compradores más importantes. Pero si nos fijamos en sus medias de remate, rentas y extensión veremos que a una media de extensión parecida (son fincas que se hallan dentro de un tramo restringido) corresponden rentas y remates mucho más altos entre los compradores menos importantes. Y sucede lo mismo aunque no de una forma tan pronunciada si comparamos los datos de las fincas de más de 4 hectáreas, a pesar de que en este caso el tamaño de las fincas de los grandes compradores duplique a las otras en superficie.

Esta constatación apunta a poder señalar que los compradores más importantes no fueron los que supieron comprar las mejores fincas de cierto tamaño. Y no solo eso sino que volviendo al cuadro 94 se observa que las fincas de tamaño ínfimo (inferior a 1/4 de Ha) compradas por ellos son las más rentables y sucede casi lo mismo en el tramo hasta media hectárea. Los datos casi parecen querer decir que lo que hicieron mejor los grandes compradores fue la compra de fincas pequeñas.

El cuadro 96, que distingue entre compradores por "importancia" relativa de sus remates, muestra una gran proporción de compradores importantes comprando fincas urbanas. En las rústicas, aproximadamente la mitad (12% sobre el 25% que son de esa categoría) participan muy activamente en la compra de fincas entre 1/4 y 1 Ha., hasta tal punto que se las llevaron en una proporción con respecto a los otros compradores muy superior a la de las comprendidas entre 1 y 4 Ha. De la observación de las medias de renta se desprende que el conjunto de fincas de los grandes compradores, independientemente del tamaño de la finca son las más rentables (y también más caras). Circunstancia ésta que no contradice lo apuntado en el cuadro 94 ya que ahora se considera como grandes a los 283 que más invirtieron y ello incluye tanto a los que adquirieron mucha como poca extensión.

Los CUADRO Nº 98, Nº 99, Nº 100, Nº 101 y Nº 102 distribuyen las distintas categorías de compradores en función del valor del remate de las distintas fincas que adquirieron. Los más significativos son los dos primeros. En ellos, al igual que en los cuadros 94 y 95 se han realizado las agrupaciones de datos de manera que en uno quedan aglutinados en torno a las fincas y en el otro en torno a los compradores. En ellos se hace patente también la única incongruencia que hemos descubierto en los millares de líneas con datos muy diferentes que configuran nuestras tablas de resultados. Aparecen 2 compradores que comprando en total hasta 25.000rs resulta que compran fincas de más de 25.000. De hecho los podríamos haber borrado o disimulado en este cuadro (ya que en los otros no se nota). Es el resultado de haber asignado mal un código en el que por descuido se fijó el tope en 25.500rs en vez de en 25.000.

Una vez identificados y comprobar que no hubiera otros casos de error en la codificación, hemos optado por dejarlos y no proceder a realizar cambios en todos los cuadros que podrían verse afectados. De hecho son dos compradores que adquirieron cada uno de ellos una finca de 25.500rs y realmente no afectaría a la masa de porcentajes (aceptamos que el ordenador redondee a un sólo decimal provocando una distorsión mayor) ni a las medias de remate que se verían tan solo ligeramente afectadas a la baja. Estos dos compradores habría que añadirlos a los 69 que compraron entre 25 y 50.000rs.

Quisiéramos advertir, de paso, que parece que exista otro error por nuestra parte en la segunda página del cuadro 17 en el que la finca del Monasterio de Montearagón (de la provincia de Huesca) se ha contabilizado en todos los cuadros como perteneciente a los Agustinos calzados. Sin embargo, el dato es correcto.

En los cuadros 98 y 99, para apreciar el peso relativo de los compradores de cada tipo de fincas con valores de remate distinto conviene buscar la referencia global que proporciona el cuadro 21. De esa forma, como resulta que los que invierten más de 200.000rs son el 13.9% de los compradores, se capta fácilmente que la mayoría de ellos compraron alguna finca de más de 50.000rs (el 11.7% equivalente a 133 compradores de los 157 que hay en el grupo); gran parte (el 10%) adquiere alguna finca entre 12.500 y 25.00; y algo más de las 2/5 partes (el 5.7%) participaron muy activamente en la compra de bienes vendidos por menos de 3.125rs, ya que entre 65 compradores se llevaron 619 fincas de esa ínfima categoría.

Otro rasgo evidente de los grandes compradores que venimos comentando es que cuanto más caras eran las fincas más fácil era que aparecieran rematándolas directamente y menos probable que se hallaran fuera del pueblo de su vecindad. Este último dato no hace sino reflejar el hecho de que entre las fincas más caras figuran bastantes urbanas de Zaragoza que fueron rematadas por vecinos de la capital. De todas formas, la proporción tan elevada de fincas de ínfimo remate que fueron adquiridas fuera del pueblo de vecindad de estos grandes compradores (y también por los que invirtieron entre 100 y 200.000rs) señala bien a las claras la proyección de estos notables compradores en todo tipo de fincas. Y lo que es aún más curioso tanto en unos como en otros, es que actúan como rematantes en mayor medida en las fincas de menos de 3.125rs que en las del escalón siguiente.

A lo largo de muchas páginas hemos venido diciendo que se vendieron mejor los bienes de cierta entidad. Ahora podemos comprobar que en todo tipo de compradores los índices de mejora aumentan conforme aumenta el remate de las fincas. Ello vendría a ser como una constatación complementaria de que la mejora no fluctúa con el tipo de comprador sino con el tipo de finca. Es decir, conforme a una lógica económica elemental, los compradores de cualquier rango ofrecen más o menos según la calidad y circunstancias de las fincas. No se observan tendencias que señalen el acceso a las fincas más caras en mejores condiciones que las otras, sino todo lo contrario.

Entre los compradores modestos que no superaron los 12.500rs (39.9%), más de la mitad (21.5%) aparecen comprando las fincas de menor valor con un promedio de remate realmente insignificante (1.238rs) y son menos de la cuarta parte los que compran bienes con valor en remate superior a los 6.000rs.

En el cuadro 100 puede apreciarse que los pequeños compradores de rústica (el 25% menos importante por extensión adquirida) intervienen también en la compra de bienes caros y en todos los casos con medias de remate y rentas que son más altas que las de las fincas de medianos compradores y no se hallan muy distantes de las de los grandes compradores. Ello se explica por el hecho de que son pequeños compradores desde el punto de vista de la extensión rústica, pero no tanto por el volumen de adquisición de fincas urbanas. En estos compradores resulta curioso el hecho de que los porcentajes de fincas adquiridas como rematante disminuyan conforme aumente el valor de las fincas. El comportamiento en índices de mejora en subasta de unos y otros varía según el valor de las fincas, siendo los medianos compradores los que aportan unas mejoras más elevadas en las fincas de más de 25.000rs.

El cuadro 101 muestra que si consideramos la importancia de los compradores por el número de fincas que adquieren, observamos que los pequeños (son todos compradores de una sola finca como puede verse en el cuadro 29 que sirve de referencia) dejan de aparecer comprando fincas de valor superior a los 12.500rs, y cuando lo hacen lo llevan a cabo comprando en mayor proporción que los otros fincas en el propio pueblo, como rematantes y subastadas más de una vez, es decir fincas rechazadas o que habían supuesto algún problema previamente para otros compradores.

El cuadro 102 ofrece como novedad el hecho de ser el único que tiene en cuenta la importancia relativa de los compradores en función del total de rentas adquiridas. Normalmente hemos considerado la importancia por los remates (que puede verse afectada por la forma de pago de la finca), por la extensión (que penaliza los que compran fincas urbanas) o el número de fincas (que favorece a los que compran muchas aunque sean de ínfimo valor).

Al hacer la clasificación por el total de renta adquirida, este cuadro nos informa del valor en explotación que tenían las fincas en la época que se vendieron. La mejora en subasta tiende a mostrar (si la desligáramos de la forma de pago el valor sería exacto) que los compradores menos importantes en función del total de rentas incorporadas, ofrecieron mejoras más altas (en algún caso desproporcionadas) por unos bienes cuya media en remate no es muy diferente a los de los otros compradores pero que sí tienen una media de rentas muy inferior. Si pujan más por lo que aparentemente es menos rentable debe ser porque eran fincas mal explotadas o porque mediante el esfuerzo personal pensaban sacarle un mayor rendimiento que el que estaban generando a la administración o a sus antiguos dueños (son fincas que mayoritariamente estaban en el pueblo).

 

5.3.2.- VARIABLES DESCRIPTIVAS DE LA PROCEDENCIA

Al igual que en otros apartados previos, en esta sección vamos a seguir presentando en todos ellos contenidos muy similares pero con un nivel de detalle cada vez es más pronunciado. Por un lado se clasifica a los compradores por grupos de importancia y ese dato se cruza con el de identificación del propietario original de la finca. Y es en este aspecto en el que iremos ganando en detalle desde la panorámica general por tipo de clero hasta llegar a las órdenes religiosas.

Los CUADRO Nº 103 y Nº 104 distinguen entre clero regular y secular. En el primero lo más palpable es que las proporciones de número de compradores grandes y pequeños que participan en las compras de un clero u otro están invertidas. El 22.8% de los grandes compradores (en total son un 25% en toda la provincia) compran bienes del clero regular mientras que en el secular sólo lo hacen el 7.6%. Y el comportamiento de los compradores menos importantes es exactamente al revés.

Al considerar a los compradores desde el punto de vista de la importancia por sus remates (cuadro 103) los índices de mejora y las medias de remate de las fincas descienden en la misma escala (los medianos compradores del regular se hallan en torno a la media de la provincia).

Por la superficie adquirida (cuadro 104) los medianos compradores son los que mejoraron más la cotización, particularmente en los bienes del clero secular. Además, son los que ofrecen la media de remates más alta entre los del secular a pesar de que sus fincas no son las más extensas y que por rentas son equiparables a las adquiridas por los grandes compradores. Para nuestra sorpresa, los compradores pequeños del clero regular son los que logran medias de remate y de rentas más elevadas a pesar de que sus fincas son notoriamente más pequeñas. Dado que sus índices de mejora son también excelentes, ello apunta quizá a una actitud mucho más selectiva en la calidad de los bienes por parte del pequeño comprador ("pequeño" en función de la superficie total adquirida).

Los CUADRO Nº 105 y Nº 106 amplían la perspectiva anterior diferenciando entre frailes y monjas dentro del clero regular. En este caso, como sabemos que los bienes de uno y otro sexo fueron aproximadamente iguales en cuanto a número, se detecta fácilmente la intervención de mayor número de compradores en los bienes de frailes o lo que es lo mismo, la tendencia de los bienes de monjas a quedar acaparadas en menos manos.

Ateniéndonos a los remates, la proporción de grandes compradores (el 25% del total de compradores) que adquieren bienes de frailes es muy superior (18.5%) a los que intervienen en los de monjas (13.7%) o en el clero secular (7.6%). Y si nos fijamos en el porcentaje de remate que corresponde a cada caso las proporciones se mantienen entre frailes y monjas.

Dado que el número global de medianos compradores es el doble (50% del total) que el de grandes compradores, sus porcentajes de participación revelan una presencia sólo ligeramente más importante en los bienes de frailes, pero idéntica en los de monjas. Al contrastar el porcentaje de remate que se llevaron los medianos compradores de bienes de monjas con el de los grandes (iguales en número) la desproporción a favor de los grandes (30.4% y 4.0% respectivamente) es muy superior a la obtenida en los bienes de instituciones masculinas.

El dato viene a corroborar y reforzar todavía más la tendencia anteriormente enunciada. Los bienes de monjas no sólo fueron a parar a menos personas sino que fueron adquiridas en mayor proporción por los grandes compradores. Y ello a pesar de que las fincas de monjas adquiridas por unos y otros no parecen cualitativamente muy distintas ni por medias de remate, renta, extensión o mejora. En las fincas de frailes las diferencias de esas medias entre medianos y grandes compradores sí que son significativas.

Por lo que respecta a la compra de fincas fuera del pueblo o partido de vecindad del comprador la tendencia es más acusada en los bienes de monjas. Y lo mismo cabe señalar en relación con las fincas subastadas más de una vez, hecho en el que destacan los pequeños compradores. La proporción de fincas adquiridas directamente por el rematante es siempre superior en los bienes de frailes y el mayor contraste se da al comparar los datos de los pequeños compradores. Mientras que en los bienes de frailes rematan el 61.5% de las fincas, en los de monjas sólo sucede con el 38.9%, es decir, la frecuencia de cesiones (¿ocultaciones de interesados?) es mayor entre los pequeños compradores si se trata de bienes de monjas.

Pero lo más notable no es eso, sino que sea cual sea su importancia, los compradores del clero secular son los que ofrecen mayores porcentajes de fincas compradas directamente por el rematante. En el caso de los medianos y pequeños compradores ello afecta respectivamente al 60 y el 70% de las fincas. Dado que sólo entre unos y otros suponen 462 compradores (85% del total de compradores del clero secular) si atendemos a los porcentajes de lo que compran fuera de su pueblo puede deducirse que la inmensa mayoría de las fincas compradas por ellos estaban en su propia localidad de residencia. Ello contrasta con la afirmación sostenida a veces de que los del lugar eran más reacios a la compra de bienes del clero secular. No solo los compran sino que además dan la cara directamente en las subastas.

Este último dato quizá se podría explicar por el hecho de que los compradores sabían de antemano que a nivel de pueblo los vecinos se iban enterar de inmediato y no valía la pena ocultarse en la subasta. Pero no creemos que ese sea el factor más importante. Como sabemos, las fincas del clero secular se subastaron mayoritariamente en la capital provincial y también en la cabeza de partido. Al acercar las subastas al domicilio de los compradores ello no hacía tan necesario el recurrir a agentes e intermediarios y el comprador (que ponía en juego dinero a pagar a metálico) se implicó más directamente en los avatares de las subastas.

Y de paso, esta posible explicación se puede aplicar a la inversa. El hecho de que hubiera más cesiones en las ventas del clero regular (sobre todo en los de monjas), no habría que atribuirlo tanto a los prejuicios o a que hubiera mayor proporción de negociantes aprovechados sino que al subastarse sólo en Zaragoza era más normal que se encargara la gestión a alguna otra persona, especializada o no en ese tipo de asuntos, que residiera allí o se desplazara a la capital (por los apellidos del que cede se aprecia en ocasiones que rematante y comprador debían ser parientes).

Si nos atenemos a la importancia por la extensión adquirida (cuadro 106) los compradores manifiestan un comportamiento distinto en la adquisición de bienes de un sexo u otro. Los índices de mejora varían en sentido inverso. En el caso de las monjas los índices acompañan a la media de las rentas (eran más rentables las fincas de los pequeños compradores). En los bienes de frailes las más rentables son también las más pequeñas, pero en ellos la cotización es la peor.

Los CUADRO Nº 107, Nº 108, Nº 109, Nº 110 y Nº 111 establecen nuevos matices en el desglose de las instituciones de procedencia de las fincas, culminando con los CUADRO Nº 112 y Nº 113a y Nº 113b que llevan el detalle de la importancia de los compradores a las propiedades de cada una de las órdenes religiosas.

 

5.3.3.- PARTIDO DE VECINDAD DE LOS COMPRADORES

Los CUADRO Nº 114, Nº 115 y Nº 116 distribuyen a los compradores por su importancia en remates, extensión y número de fincas en función del partido judicial del que son vecinos. Es decir, nos informan de las características generales de los compradores que eran de un partido u otro.

En el cuadro 114 se ve que en unos partidos como Tarazona y Ejea predominan los pequeños compradores mientras que en Pina ni siquiera aparecen. El promedio de fincas de los grandes compradores varía de un lugar a otro (4.8 en Caspe frente a 51.8 en Tarazona) y así podríamos seguir, pero nos limitaremos a hacer una reflexión metodológica: en este cuadro se plasma de una manera evidente que si atendemos a la última fila con los totales provinciales es cierto que podemos afirmar que conocemos la profesión de los compradores de la mitad de las fincas (el 50.7%).

Sin embargo, si observamos los porcentajes obtenidos por ese concepto en la mayoría de los partidos las cifras son ridículas o inexistentes, independientemente de que sean grandes, medianos o pequeños compradores de la comarca. Es evidente que las cifras del total se explican por los resultados de Zaragoza y dentro de Zaragoza son mejor conocidas las profesiones de los más importantes, en cuyo caso se llega al 94.% de las fincas. Por esa razón ya anunciamos que el análisis socio-profesional lo restringiríamos para los vecinos de Zaragoza capital. Y mucho nos tememos que bastantes de los análisis llevados a cabo con mayor o menor rigor en algunas zonas del país puedan pecar de este vicio de planteamiento que estamos denunciando.

 

 

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Última actualización:
21/03/06