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"La desamortización de Mendizábal en la provincia de Zaragoza (1836-1851)".  P. Marteles, 1990. (pmartele@pie.xtec.es)

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6.1.- CONTRASTES ENTRE TASACIONES Y CAPITALIZACIONES

Los cuadros que abordamos en este apartado tienen como aspiración servir de base para una serie de reflexiones no sólo de índole metodológica sino también descriptiva del proceso desamortizador en general. En la cuantificación hemos adoptado en todo momento como valor inicial de anuncio y salida a subasta (lo que en los cuadros de resultados denominamos "valor" a secas) el valor más alto entre tasación y capitalización y en caso de no contar con los dos datos se ha adoptado el único existente, cualquiera que fuera.

En los anuncios de los tres primeros años lo más frecuente es la aparición del valor capital, pero en los Registros de Ventas lo anotaban como tasación y así figura en nuestra base de datos. De todas formas, el hecho no importa pues en todos los cuadros de este apartado nos hemos atenido únicamente a hallar totales, porcentajes, medias e índices para el conjunto de 4.850 fincas de las que contamos tanto con el valor de tasación como con el de capitalización (73.7% del total, pero que supone el 97.58% de las fincas si prescindimos de los años 1836-7-8). En los cuadros en los que se prescinde de la secuencia temporal, nos estaremos refiriendo al mencionado 73.7% de las fincas que afectó a un 60.9% del valor total de remate de la provincia.

Dado que en unas fincas era más alto el valor de tasación y en otras el de capitalización, los conceptos que manejamos requieren de una precisión que esperamos evite ambigüedades y confusiones. En las cabeceras de columna con número de fincas, remate, medias de valor y extensión e índices de mejora debe entenderse:

a)- "Valor total": el que corresponde al total de 6.580 fincas y sirve como referencia así como para determinados porcentajes de fila.

b)- "Valor de fincas con tasación y capitalización": el correspondiente al conjunto de 4.850 en las que conocemos ambos datos y por consiguiente se ha adoptado como valor inicial de subasta el más alto de los dos. A partir de 1.839 se da en la abrumadora mayoría de las fincas.

c)- "Valor de fincas con tasación": el correspondiente al conjunto de fincas, dentro de las 4.850 mencionadas, en las que efectivamente la tasación era más alta que la capitalización y sirvió como tipo para su anuncio en subasta.

d)- "Valor de fincas con capitalización": el correspondiente al conjunto de fincas, dentro de las 4.850, que se anunciaron por el valor de capitalización porque era más alto.

e)- "Mejora de las fincas si se hubiera tomado la tasación en lugar de la capitalización" (última columna): corresponde a la mejora que se habría obtenido para el conjunto de las 4.850 fincas mencionadas en el hipotético caso de que las fincas que se anunciaron a subasta por la capitalización (casos en que ésta era más alta) hubieran sido anunciados por la tasación.

Las columnas correspondientes al concepto a) y b) operan con el "valor más alto" pero abarcando a colectivos de fincas distintos y reflejan la realidad de las ventas. Los conceptos c) y d) vienen a ser como el desglose del concepto b) ya que conjuntamente abarcan las 4.850 fincas, distinguiendo las que se anunciaron de hecho por uno u otro valor. El concepto e) es un mero ejercicio de simulación de posibles resultados.

El CUADRO Nº 117 nos ofrece una panorámica por años de anuncio. A la vista de que en los tres primeros años el número de fincas con las que contamos con los dos datos es despreciable, en nuestros comentarios hablaremos siempre de 1839 en adelante. El cuadro muestra con claridad que las fincas anunciadas por la tasación (="con tasa" en el cuadro) muestran sistemáticamente una media de valor y de extensión rústica más elevados que las anunciadas por la capitalización.

La conclusión no se hace esperar: las fincas más caras y de mayor tamaño (su número no es muy abundante como puede deducirse cada año del porcentaje de las que se vendieron por la capitalización) debían estar peor explotadas económicamente ya que tras la operación de capitalizar sus rentas los peritos llegan a la conclusión de que se puede vender por más dinero y lo demuestran asignándole una tasación más alta que la lograda por capitalización. Dado que eso ocurre todos los años, se puede afirmar sin ambages que en las fincas más importantes es donde más se aprecia la actuación de los peritos, y, contrariamente a lo que se viene diciendo desde tiempo inmemorial el sentido de su intervención no se caracteriza por prestarse a las manipulaciones de los posibles plutócratas locales sino a producir a la hacienda pública el máximo beneficio.

La mejora del índice de cotización de las fincas discurre paralelamente si comparamos, a partir de 1839, la mejora total con la de las 4.850 que tienen tasación y capitalización. Si contrastamos con ellas la mejora de las fincas anunciadas por la tasación vemos que en 1839, 1840 y 1844 (aunque 1844 es sobre todo clero secular y pueden influir otros factores) éstas resultan más elevadas, viniendo a significar que a pesar del aumento efectuado por los peritos sobre el valor de la capitalización aún se quedaron cortos y el mecanismo de subasta muestra, al revalorizar más a este grupo de fincas, que todavía podía haber sido más alta la tasación inicial.

En el supuesto de que se hubiera tomado en todos los casos la tasación (última columna) como punto inicial de partida para la subasta, los índices de mejora resultan exorbitantes. Ello nos induce a pensar que, dado que las fincas se vendieron por un precio determinado (el valor de remate), si todas las fincas se hubieran anunciado directamente por el valor de tasación es muy probable que partiendo de valores más bajos no se hubiera llegado en muchos casos a remates tan altos como los conseguidos. Pero los índices de mejora habrían sido siempre mucho más altos.

Dado que bastantes estudios de la desamortización en algunas provincias se han valido de ese dato (o al menos no aclaran suficientemente si es el tipo, la tasación o la capitalización lo que emplean, ya que las fuentes utilizadas también condicionan en ese sentido), creemos que muchos de los índices de mejora obtenido para distintos puntos de la geografía del país deberían reconsiderarse.

Además, la obtención de una mejora de cotización muy alta no debe entenderse llanamente como indicativo de una venta excelente, sino que su valor más expresivo y exacto es como indicador de una desproporción mayor entre el valor inicial de subasta y el valor real de la finca (que es el que, al fin y al cabo, debieron abonar por ella). Y esa es la razón de porqué a lo largo de este trabajo se esté insistiendo en la ambigüedad, polivalencia y multiplicidad de significados del concepto de mejora de la cotización.

En el CUADRO Nº 118 se llega a conclusiones en la misma línea si nos fijamos en las medias de valor inicial o de extensión de las fincas que se anunciaron por la tasación o por la capitalización. La diferencias son muy significativas en las torres. El 51.4% se anunciaron por su valor capital, pero las así anunciadas solo constituyeron un 21.8% del remate, es decir se trataba de las peores. Las mejores salieron a subasta no en función de las rentas que se obtenían por ellas sino de las que se podían obtener. Y algo parecido sucede con las viñas, el resto de rústica y las viviendas si nos atenemos a los apartados con mayor número de fincas vendidas.

En el caso de los campos las medias de valor inicial se hallan muy próximas, pero en el caso de los olivares la tendencia se invierte. Son algo más extensos de media los que se anunciaron por su tasación pero en media de valor inicial son netamente inferiores. Ello tendría su explicación en la "rentabilidad" del olivar en esta época. No sorprende, pues, que estuvieran mejor explotados, que las rentas por arriendo fueran las más altas y que al ser capitalizadas dieran normalmente valores más elevados que los de una tasación que en principio trata de tener en cuenta más factores que la mera rentabilidad.

Los olivares anunciados por precio de tasación obtuvieron incluso una mejora peor que los otros (le sucede lo mismo a las viñas y a la mayoría de los bienes urbanos) y ello vendría a reforzar la idea de que al ser menores las expectativas de obtención de beneficio (ya que la tasación supera a la capitalización y las rentas no se podían subir tampoco hasta que no expirasen contratos), lo normal es que se revalorizaran menos en subasta. Pero esta situación no se puede generalizar, pues de los olivares se presume una rentabilidad más actualizada que en otros tipos de fincas.

El CUADRO Nº 119 desglosa el anterior mostrándonos lo acontecido con cada tipo concreto de finca. En la parte de bienes rústicos supone casi una repetición del cuadro anterior pues lo único que ahora se distingue son las fincas agrupadas en la categoría no muy importante de "resto rústica". El detalle es más significativo para los bienes urbanos y muy en particular para las casas-horno en las que resulta evidente la intervención de los peritos tasadores para aumentar su valor inicial, aunque después se mejoraran menos en subasta.

El CUADRO Nº 120 nos ofrece una panorámica por partidos judiciales. La columna del porcentaje de remate que fue anunciado por el valor de capitalización muestra que en Caspe la parte más importante de lo vendido se anunció por valor de tasación (la diferencia del 26.1% hasta el 100%) y que en otra serie de partidos las proporciones están bastante equilibradas: Ateca, Belchite, Cariñena y Zaragoza. Y, curiosamente, en estos mismos partidos los bienes anunciados por la tasación son los que muestran una desproporción mayor en valor medio con respecto a los que se vendieron a partir del valor de capitalización. Es decir, que se produce en ellos (particularmente en Caspe) una intervención de los tasadores en el sentido de encarecer el precio de salida de las fincas más importantes.

El CUADRO Nº 121 muestra que las fincas de frailes anunciadas por la tasación son claramente de mayor tamaño y mayor valor inicial, particularmente las procedentes de monasterios. En los monasterios femeninos sucede exactamente lo contrario, pero llama poderosamente la atención la mejora de 670.1% que obtuvieron estos bienes. Para nosotros ello podría ser expresivo de la pésima explotación (en términos de rentabilidad) de algunas (la mayoría se anunciaron por la capitalización) de las fincas de los monasterios femeninos. A pesar de anunciarse por un valor más alto que el de su capitalización lograron una mejora increíble en la subasta. Y es evidente, además, que la forma de pago no es un factor que intervenga en este caso.

Entre los bienes del clero secular la desproporción más notable entre las medias de valor inicial se da en los bienes de origen catedralicio. El 72.8% de las fincas se anunciaron por su valor de capitalización, pero en remate las de este tipo sólo contribuyen con un 41.6%. También en las mejores fincas del clero secular habrá que aceptar la actuación de peritaciones que elevaron el precio inicial que se derivaría de las rentas y si atendemos a los índices de cotización, cabe señalar que a pesar de ello todavía se quedaron cortos. Pero esta última conclusión no es tan sostenible, pues al ser los bienes anunciados por el valor de tasación de un valor inicial mucho mayor, un buen porcentaje de ellos entran en la categoría de los que se pagan a papel y por lo tanto ofrecen al comprador la posibilidad de hacer pujas más elevadas que si se ha de pagar a metálico.

A partir del énfasis que venimos dando a la actuación de los peritos, parece evidente que su actuación es importante en las fincas de cierta envergadura. Con respecto a estas fincas, lo que ellos hacen es aumentar el precio inicial de salida a base de considerar que la capitalización obtenida a partir de las rentas no refleja las posibilidades reales de explotación de la finca y en ese sentido ilustran al posible comprador sobre la posibilidad real de aumentar las rentas de las fincas que salen a la venta. Sin lugar a dudas, su actuación tiene que ser percibida por los arrendatarios como una mala jugada pues el futuro comprador ya se halla informado de que es posible un aumento de las rentas cuando cese el actual contrato.

Esta reflexión nos lleva a concluir que la subida de los arrendamientos de las fincas grandes fue en cierto modo "preparada" por los propios peritos y que ese tipo de arrendatario salió perjudicado. Pero por otro lado, sería inocente considerar que los arrendatarios de fincas grandes eran proletarios agrícolas. Dado que el beneficio para la Hacienda derivado del carácter de la actuación de los peritos era evidente, quizá sea ésta una buena ocasión para repetir una vez más que es posible que las críticas e invectivas de que han sido objeto estos personajes puede que carezcan por completo de fundamento.

El CUADRO Nº 122 amplía el anterior ofreciendo la misma información por órdenes religiosas e instituciones de clero secular. Lo presentamos en aras a su posible interés para observar detalles concretos sobre alguno de los propietarios originales, pero renunciamos de antemano a rastrear tendencias.

 

 

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Última actualización:
21/03/06