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"La desamortización de Mendizábal en la provincia de Zaragoza (1836-1851)".  P. Marteles, 1990. (pmartele@pie.xtec.es)

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9.1. JUNTA PROVINCIAL DE ENAJENACIÓN: DIARIO DE SESIONES

Hemos concedido al estudio de las gestiones de la Junta Provincial de Enajenación una considerable extensión. Como ya se ha mencionado, las actividades y noticias se refieren sólo al período comprendido entre el 11 de agosto de 1837 y 13 de diciembre de 1840. Lo más notable y que llama indiscutiblemente la atención al leer las Actas, es que el Gobierno hizo una mala operación ocupándose de la administración de los edificios y locales de los conventos. Poco a poco los inmuebles fueron quedando, salvo excepciones muy contadas, en un estado deplorable, agravado por el hecho de que muchos de la ciudad de Zaragoza se hallaban particularmente afectados, tras haber sufrido las incidencias y destrucciones que acompañaron a la resistencia y posterior ocupación napoleónica.

Muchas iglesias de conventos pasaron a convertirse en depósitos y almacenes o fueron cedidas para sede de alguna industria incipiente. Los edificios se destinaron normalmente al arriendo de habitación para personas faltas de recursos y que alegaran méritos. Como veremos, el público y clientela habitual que se benefició de esta circunstancia fueron las viudas, los pensionistas, los refugiados procedentes de las zonas donde actuaban los facciosos y los pobres de solemnidad. De las solicitudes que llegan ininterrumpidamente a la Junta se desprende que el alojamiento en la ciudad era caro y difícil de obtener. El "mérito" que se alega con mayor frecuencia por todo tipo de pensionistas es el "atraso de sus pagas".

Aparte del enjambre de necesitados en busca de alojamiento, el otro beneficiado fue el Ejército. La cercanía de los centros de operaciones bélicas de la guerra carlista, realzado por los acontecimientos del 5 de marzo de 1838 en la ciudad de Zaragoza, hizo que los conventos se vieran afectados por las medidas de seguridad que se adoptaron: albergando tropas, fortificándolos, extrayendo materiales o convirtiéndolos en depósito de armamento. Si bien estas medidas aseguraban la mejor defensa de algunas poblaciones, no ayudaron en absoluto a la conservación ni vuelta a la normalidad de los edificios. E incluso una vez acabada la guerra, algunos de ellos se destinaron definitivamente para usos militares.

Estaba previsto que los conventos pudieran cederse en calidad de censo redimible para fines de utilidad pública. Las peticiones en este sentido de los primeros años no fueron muy abundantes y las concesiones menos todavía. De hecho la concesión masiva de edificios a los ayuntamientos se hizo en 1841, fecha en la que la Junta de Enajenación había cesado en su funcionamiento y fueron las Diputaciones las responsables de emitir los dictámenes que conducían a su otorgamiento. Los pocos casos de petición y concesión entre 1837 y 1840 aparecen registrados al ocuparnos de cada uno de los conventos de la capital.

Los conventos extramuros y algunas porciones de los de la capital se utilizaban generalmente para graneros. Cada año, al llegar la época de la recolección de las cosechas, las peticiones de locales para este fin se acumulan en los diarios de la Junta. Se trataba generalmente de labradores, del Administrador de las Rentas decimales, de las oficinas de Amortización o de la Intendencia Militar.

Para administrar los edificios la Junta nombraba unos subalternos delegados que a cambio de una comisión se ocupaban del orden interior y de la vigilancia de pago de alquileres. La Junta prefirió casi siempre arrendar individualmente los distintos locales de cada convento y son escasos los arrendamientos de la totalidad del edificio ya fuera para establecer alguna posada o bien para que el arrendatario tratara de sacarle provecho por su cuenta. En este sentido cabe pensar que la Junta parecía querer reservarse espacio para poder atender casos de individuos necesitados.

Por otro lado, las cantidades que ingresaba y administraba esta Junta eran nimias a pesar de lo pomposo que pudiera resultar el nombre. Sólo se ocupaba de las fábricas o edificios conventuales y sus efectos, quedando fuera de su control todo tipo de fincas e incluso los propios huertos intramuros de los conventos. Su caja estuvo crónicamente vacía y para cualquier decisión tenía que solicitar autorización a Madrid, siendo así que en ella se hallaba representado el Gobierno civil, la Diputación, la Comisión de arbitrios de amortización y la Contaduría provincial bajo la presidencia del propio Intendente.

En la reseña de actuaciones de la Junta que ofrecemos a continuación, al hablar de los conventos de Zaragoza hemos incluido unas noticias complementarias tomadas del Diccionario de Madoz para que ilustren sobre el estado de los edificios, diez años después de la época en que la Junta se ocupara de su explotación y mantenimiento. Ofrecemos en primer lugar una serie de apartados, por temas, con noticias referidas básicamente a la provincia y en otro capítulo la recolección de noticias referidas a cada uno de los conventos de la capital. Este último apartado reproduce en gran parte lo que ya constituyera un capítulo de la tesis de licenciatura presentada en 1971.

Después de ensayar varias posibilidades a base de eliminar muchas fechas, expresarlas alfabéticamente, introducirlas a diversas alturas de los párrafos, etc. se ha optado por dejarlas casi siempre a principios de párrafo y ordenar cronológicamente las noticias dentro de cada apartado a pesar de que provoca en el texto un aspecto de memorial o retahíla de fechas. Se ha hecho así con objeto de facilitar su localización por fechas.

En el fondo, todo este extenso capítulo podía haberse eliminado, resumido o remitido a un apéndice final. Si se ha introducido en el texto se debe a que uno de las directrices que han presidido nuestro trabajo ha sido la voluntad de dejar constancia de la diversidad e inmensidad de la tarea que recayó sobre las Oficinas de Hacienda y de que el estudio en profundidad del proceso desamortizador a nivel de microestudio cuenta con una serie de posibilidades que nada tienen que ver con la mera acumulación de fríos datos que puede cuantificar un ordenador. Hay todo un entresijo de relaciones y acontecimientos, importantes o de pequeño detalle, que pueden ofrecer, o ayudar a reconstruir, un cuadro tan rico como la vida misma.

Con objeto de no perder la perspectiva se hace necesaria una aclaración. En estas páginas se habla siempre de la Junta que recibe, acuerda, solicita, comunica, denega o concede una petición determinada. Sin embargo, una vez terminadas las sesiones, a pesar de que el arquitecto juega un papel de primera importancia ya que se trata de edificios, la mayor parte de las veces eran asuntos en los que tenían que intervenir de facto las oficinas a través del Comisionado o el Contador.

Y finalmente una última recomendación. En la primera parte aparece cierta variedad de temas que viene dada por los títulos de sus apartados, pero en el Capítulo X, en el que se abordan los conventos de Zaragoza ciudad, a cualquier lector que no esté particularmente interesado en la microhistoria local le basta y le sobra con leer las noticias sobre el convento del Carmen (es el primero y más largo de la relación) para hacerse cargo de la problemática en que se vio envuelta la Junta Provincial de Enajenación en los conventos de la capital.

 

 

 

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Última actualización:
21/03/06