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"La desamortización de Mendizábal en la provincia de Zaragoza (1836-1851)".  P. Marteles, 1990. (pmartele@pie.xtec.es)

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6.7.- LOS INGRESOS POR ARRENDAMIENTOS DE FINCAS

El CUADRO Nº 151 podría reducirse a las cinco primeras columnas y darle una apariencia más simple todavía que ocultase la dificultad que entraña haber llegado a producir las columnas cuatro y cinco. Entre nuestros datos contamos con la fecha exacta (día, mes y año) en que fue anunciada la finca y también la de la fecha en que fue aprobada la subasta y que coincide con la entrega real de la finca al comprador si este hacía efectivo el pago de la quinta parte de inmediato. Distinguiendo entre bienes de frailes, monjas y clero secular porque fueron incautados en distintas fechas se ha calculado para cada finca el tiempo (en días) transcurrido desde la incautación hasta la entrega de la finca al comprador. Y a partir de ahí se ha averiguado el tiempo que la finca ha estado en manos de la hacienda y lo que le produjo en rentas durante ese período.

Las fincas se han agrupado por años de anuncio. Este desglose por años no significa que ese año se obtuvieran esos ingresos sino que constituyen el montante en reales que generaron los arriendos de las fincas que se anunciaron ese año. Las fincas controladas desde el principio por Hacienda (ignoramos el peso de las posibles ocultaciones) empezaron a producir rentas desde su incautación y lógicamente el mayor volumen de ingresos por este concepto debió de ser durante los primeros años (cuando la mayor parte no se había vendido) y eso no lo refleja nuestro cuadro.

Lo verdaderamente importante del cuadro es la última línea, la de los totales. Por este concepto la Hacienda ingresó 6.294.788rs a metálico, que puestos en papel nos darían entre 25 y 30 millones más a papel que nunca se tienen presentes y que parecen no haber existido para los estudiosos de la desamortización.

Los inconvenientes de una cifra así obtenida son varios. Es posible (y real) que no todas las propiedades estuvieran en todo momento arrendadas (sobretodo algunas urbanas en mal estado). Es posible también que en el mantenimiento de fincas urbanas hubiera que gastar cierta cantidad de dinero, y finalmente, es posible que la renta calculada por nosotros para cada finca en el momento en que se vendió no fuera la misma y constante desde el momento en que fue incautada.

Concediendo todos esos márgenes y quizá algún otro que pudiera pensarse, creemos que no es descabellado aceptar que como mínimo se ingresaron 5 millones de reales a metálico. Como ello se repartió a lo largo de 10 años (no cabe hablar de la desamortización como un fenómeno importante a partir de 1845), vendría a significar un promedio de 500.000rs anuales lo cual daría de sí sobradamente para abonar sus sueldos a una plantilla de gestores de la desamortización muchas veces superior a lo que fue.

La conclusión a la que queremos llegar es la siguiente. Solo con las rentas derivadas de los arrendamientos se podía haber mantenido perfectamente (no digo que se hiciera) la plantilla de funcionarios y que es injusto e incorrecto adoptar la postura enunciada por los anatemas de Florez Estrada que pretendían hacer creer que las ventas se iban a hacer mal y que casi no iban a servir para otra cosa que para alimentar a una plantilla de funcionarios corrompidos e ineptos. Tampoco tiene sentido intentar depreciar el valor de lo vendido diciendo que a los resultados obtenidos por las ventas "habría que deducirle los gastos de gestión", etc. tal como hace más de un autor.

 

 

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Última actualización:
21/03/06