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"La desamortización de Mendizábal en la provincia de Zaragoza (1836-1851)".  P. Marteles, 1990. (pmartele@pie.xtec.es)

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6.12. LOS COMPRADORES DE LA CAPITAL COMO CONTRIBUYENTES

A partir de la exhaustiva exploración llevada a cabo en el Libro de la contribución de Zaragoza para 1845, en los cuadros que siguen se ofrece una somera visión de los compradores en función de categorías o importancia de lo que contribuían en la ciudad por cada uno de los conceptos que se abordan.

Para calibrar mejor por sectores económicos la importancia de la participación de los compradores de Zaragoza ciudad, habría sido interesante haber llegado a valoraciones por categorías socio-profesionales y de contribuyentes que reflejaran porcentajes de los que se lanzaron a la adquisición de bienes de la iglesia o bien se abstuvieron permaneciendo (al menos momentáneamente) al margen de la desamortización. Pero ello habría supuesto un esfuerzo excesivo y siempre puede ser una tarea que realice algún otro investigador partiendo de nuestros datos. De todas formas, gracias al resumen que suponen las listas electorales municipales, sí hemos podido hacerlo, como veremos, para las categorías superiores de contribuyentes.

El CUADRO Nº 188 se ocupa de un conjunto de compradores verdaderamente reducido en número. Son 57 compradores (el 12.1%) que se llevan una escasa cantidad de bienes (5.7%) e invierten aún menos proporcionalmente (3.1% del remate total). Si los traemos a colación es, sin lugar a dudas, por el posible interés metodológico que puede representar su análisis.

En el cuadro 172 habíamos clasificado como arrendatarios agrícolas a 36 sujetos. Ahora aparecen 21 más porque son individuos que además de contribuir como arrendatarios de tierras lo hacen contribuyendo más por algún otro concepto que es el que los calificó como miembros de un grupo socio-profesional determinado. Esos 36 compradores adquirieron en total 79 fincas, desembolsaron algo más de un millón de reales y realizaron una inversión media de 28.964rs.

Una simple hojeada a los valores medios de inversión de cada grupo nos advierte que las cifras de inversión se han disparado hacia arriba (en conjunto se alcanzan los 63.561rs). Y siendo así, ello viene a significar que la media de inversión de los 21 arrendatarios "nuevos" en este cuadro (que además serán otra cosa pero no dejan de ser arrendatarios) ha tenido que ser muy elevada para compensar la media de los 36 originales.

Dado que partimos de una revisión en profundidad del libro local de contribuciones y a pesar de que algún nombre de contribuyente se nos puede haber escamoteado, creemos que nuestra panorámica del conjunto es lo suficientemente completa como para permitirnos apreciar el hecho de que la información obtenida a partir de libros de cuentas de algún convento concreto puede llevar a conclusiones muy erróneas sobre los arrendatarios si se intenta equiparar a estos con un grupo de campesinos sin tierra y que gracias a la desamortización lograron hacerse con ella. Estudiar la figura de los que son sólo simples arrendatarios que accedieron a la propiedad es una tarea bastante compleja y que requiere siempre de una amplia consulta a amillaramientos y libros de contribución.

El CUADRO Nº 189 sería una tabla que valdría su peso en oro si en vez de referirse a datos preparados en 1844 contuviera la información referida a diez años antes, es decir, al período previo al comienzo de la desamortización. Siendo los datos de la fecha que son ya aparecen contribuyendo como hacendados una buena parte de compradores que se convirtieron en tales al adquirir bienes desamortizados. Y de esa forma el dato se convierte en tautológico o redundante. Esta constatación aclaratoria no es solo importante para este cuadro sino que lo es para todos los de este apartado. Y ello nos devuelve al comentario del cuadro anterior, matizando todavía más la situación. Los arrendatarios de que hablábamos son personas que siguen arrendando en 1845, a pesar de que bastantes de ellos son sujetos que ya han realizado una muy respetable inversión en bienes desamortizados en los años previos. O dicho de otra manera, conviene tener siempre muy presente si la fecha de la que se tiene la información conduce a las conclusiones que se pretende extraer de ellas.

Y continuando con la reflexión cabe señalar igualmente que a pesar todo lo que acabamos de decir sobre el año del que procede la información tampoco creemos que sea despreciable como fuente. Sobre todo para calibrar la importancia como hacendados de los compradores situados en los tramos de mayor contribución pues como sabemos, y hemos repetido reiteradamente, la mayoría de los grandes compradores adquirieron una proporción muy importante de fincas fuera del término y partido judicial de Zaragoza y por consiguiente no pueden estar pagando por ellas en la contribución de la capital. Es decir, que el efecto de las compras previas en la contribución local también debe relativizarse.

Retornando al cuadro 189 añadiremos que los 161 compradores que no pagan nada por hacienda realizan una media de inversión de 93.657rs que a todas luces es bastante elevada. Y como podría interpretarse que se trata de personas a las que cabría acusar de ocultación de bienes insistimos en que ello sería erróneo pues son compradores que pueden estar contribuyendo por comercio, profesión, industria, etc. O puede deberse sencillamente a que no hemos localizado su nombre como contribuyentes debido a nuestras limitaciones; a que el comprador definitivo que realizó la escritura hacia 1849-50 sea en ocasiones el heredero (es el caso de algunas mujeres); o puede también, que su nombre no aparezca en la contribución de 1845 si es miembro de una familia cuyas propiedades no aparezcan desglosadas en el libro de contribución.

Los datos muestran que conforme aumenta la categoría como contribuyente disminuye la proporción de los que sólo rematan y aumenta proporcionalmente el número de los que adquieren por cesión o ambas cosas a la vez. Observando los porcentajes de inversión y acumulación de rentas que realiza cada uno de los grupos las cifras no son muy dispares aunque descuella ligeramente el de los que pagan entre 200 y 500rs. El reducido grupo de 33 personas que pagan entre 500 y 1.000rs se llevan, sin embargo, más del doble de extensión rústica que su inmediato seguidor. Y si lo contrastamos con los 25 compradores que pagaban más de 1.000rs por hacienda no deja de ser curioso que adquieran menos de la mitad de tierra que los anteriores a pesar de que en conjunto invirtieron algo más que ellos y compraron casi el doble de fincas. Parece que los mayores hacendados canalicen en mayor medida su inversión hacia bienes de naturaleza urbana.

Los que no contribuían como hacendados o lo hacían hasta 100rs forman el 54.5% de los compradores y aportando el 30.7% de la inversión se hicieron (omitiendo que también compraron bienes urbanos) con el 27.8% de la superficie rústica. De ellos podría decirse lo contrario que de los grandes hacendados, es decir, que manifiestan una cierta preferencia por ampliar sus dominios rústicos aunque sea a base de comprar muchas fincas fuera de la capital.

El CUADRO Nº 190 clasifica los compradores de Zaragoza en función de su contribución por industria. En realidad, en una buena parte de los casos corresponde a la contribución por comercio de manera que cabría referirse a ellos como comerciantes de una categoría u otra. Las cifras de distribución de los compradores por este concepto guardan cierto paralelismo con las de contribución por hacienda, produciéndose únicamente una inversión en los extremos, es decir entre los que no contribuyen y los que lo hacen en mayor medida. Ahora, los mayores contribuyentes por industria (comercio o profesión) invierten seis veces menos que los que no contribuyen por ese concepto.

El CUADRO Nº 191 afronta la distribución de los compradores en función del total de su contribución y lógicamente es el que incluye a menos sujetos en la categoría de "nada". Los 50 mayores contribuyentes que constituyen el 10.5% de los compradores aportaron el 32.7% de los remates y adquirieron el 41% de la superficie. En ellos es evidente que nada más hay 8 que en ningún momento compraron por cesión, pero si les unimos los 21 que hicieron tanto lo uno como lo otro, se puede llegar a la conclusión de que los notables de la ciudad debieron aparecer por las subastas de cuando en cuando. Pero tampoco conviene exagerar este dato pues los que sólo rematan únicamente adquirieron 8 fincas y de los que compaginan tampoco hemos diferenciado en cuántas de las 871 fincas actuaron como rematantes.

Para apreciar la importancia relativa de estos grupos de grandes contribuyentes dentro de la ciudad podemos servirnos de las listas para las elecciones municipales de 1846 (hecha a finales del año anterior) en las que figuran tanto los nombres como la cantidad con la que cada uno contribuye. Los totales de contribución de cada elector coinciden exactamente con los que aparece en el libro de contribución de manera que la lista viene a ser como un extracto del libro en lo que a mayores contribuyentes se refiere y los reseña, además, por orden de importancia. Pues bien, el número de electores (=contribuyentes) entre 200 y 500rs es de 401 (de los que son elegibles 187 por superar el tope de 312rs. Entre 500 y 1.000 son 134 electores y con una contribución que supere los 1.000rs hay en la ciudad únicamente 88 personas.

Puestos en relación estos datos con los del cuadro 191 la conclusión es impresionante: participaron en la desamortización el 56.8% de los que contribuían en la ciudad con más de 1.000rs, el 41.8% de los que lo hacían entre 500 y 1.000rs y también el 29.6% de los contribuyentes entre 200 y 500rs. La prueba de que la desamortización afectó a buena parte de las fuerzas vivas y poderosos de la ciudad no puede ser más contundente.

El grupo que logró mejoras más altas fue el de 200 a 500rs, que es el más numeroso (incluye al 25.1% de los compradores) y que se hace con el 31.4% de las fincas. Con ellos comienza la categoría de contribuyentes que en función de lo que pagan se convierten automáticamente en electores para la elección de diputados y senadores de conformidad con la ley de 1837 y que en su mayoría se quedarían sin serlo de conformidad con la ley de 1845 (a no ser que tengan otros bienes fuera de Zaragoza).

Dado que como grupo realizan un promedio de inversión que supera los 200.000rs, nos cuesta trabajo, tal como tratamos de demostrar en un capítulo previo al cuestionar el dictamen del profesor Jover, que a los compradores de esta categoría se les pueda privar del calificativo de compradores de clase media. A la vista de los datos, no creemos que tenga sentido desde el punto de vista metodológico atribuir el calificativo de clase media al comprador que invierte más de 50.000rs y sin embargo no adjudicárselo a los que tenían derecho a voto con la legislación de 1837, o cuando menos, a los habitantes de grandes ciudades.

Y finalmente, los CUADRO Nº 192 y Nº 193 no hacen sino poner en relación la importancia de la contribución total de los compradores con su adscripción primero a un grupo socio-profesional y después con cada una de las profesiones concretas. El hecho de que no sepamos el valor de la contribución de algunos compradores de los que conocemos la profesión (="no consta"), procede básicamente de casos en los que la profesión se ha averiguado a través de las listas electorales y listas de la Milicia Nacional.

Vamos a prescindir de las muchas páginas que podrían dedicarse a comentar el detalle del cuadro 193, que al fin y al cabo describe un sector importante de las fuerzas económicas activas en la ciudad de Zaragoza a mediados del siglo pasado, y nos limitaremos a resaltar un único aspecto. Con plena conciencia y a partir de datos objetivos hemos dejado anteriormente en el aire el hecho de que los 36 arrendatarios que surgían en el cuadro 172 pareciesen como los "auténticos arrendatarios" que no eran otra cosa.

De hecho, ello era resultado de dos principios enunciados con anterioridad y aplicados sistemáticamente, al igual que cualquier otro que se se haya podido mencionar en el capítulo de metodología o de análisis de resultados. Uno de ellos es que se ha reservado el apartado de "Hacendado o propietario" a modo de cajón de sastre para los compradores de los que se declara que pagan por hacienda y no se dice de ellos que paguen por ninguna otra profesión. El otro criterio es que en caso de contribuir por varios conceptos, se ha tomado como profesión del comprador aquella por la que paga más contribución.

Si a continuación pasamos a observar el cuadro 193 veremos que aparece un arrendatario que contribuye con más de 500rs y otros tres con más de 200... ¿cómo es posible?... podemos preguntarnos si nos aferramos a la idea del sufrido arrendatario al que por fin hace justicia la vieja norma de la tierra para el que la trabaja.

Veamos el primer caso. Se trata de Telesforo Peromarta, el cual compró, por cesión, en el término de la Almozara y partida de Alcardete (municipio de Zaragoza) por 24.500rs una viña anunciada el 5-12-36 por 7.500rs. Años después, en 1845, Peromarta paga de contribución 6r como arrendatario y 568 por hacienda, es decir, es uno de los mayores hacendados de la ciudad y ello no le impide llevar unos cahices de tierra en arriendo. Y sus 568rs de contribución no pueden proceder por supuesto de la compra de una viña que no llegó a las dos Ha. A Peromarta lo veremos en otro capítulo designado como miembro de la Comisión Agricultora de Zaragoza a propuesta del Ayuntamiento el 28-2-38.

En el segundo caso, uno de los tres arrendatarios comprendidos entre 200 y 500rs es Manuel Grima, el cual abonó 69.529rs por una casa en Zaragoza anunciada en octubre de 1837. Posteriormente, a principios de 1838 se hizo por 30.000rs con un campo del Monasterio de Piedra de 2 Ha y cuarto situado en Maluenda y que procedía de una quiebra anterior de otro comprador. Finalmente, a principios de 1839 compró otros dos campos de la misma procedencia y pueblo de Maluenda con una superficie total inferior a media Ha. y remate de 18.400rs. Pues bien, en 1845 Grima paga en Zaragoza 14rs como arrendatario y 198 como hacendado. Y como las fincas que compra en Maluenda no contribuyen en la capital, no cabe duda de que se trata de un sujeto que disfruta de propiedades en Zaragoza independientemente del hecho de la desamortización. Y así podríamos seguir con algún que otro caso.

Ante estas circunstancias es evidente que al considerar a esos dos compradores como "arrendatarios" parece que hayamos procedido de mala fe, pues lo lógico habría sido calificarlos como hacendados. Sin embargo, en ambos casos son contribuyentes que pagan por "industria" u ocupación personal como arrendatarios y se ha optado por ser sistemáticos en la aplicación de los criterios. Máxime si ese criterio se ha fijado a la vista del carácter de la información que se está procesando.

Al hacerlo así creemos, indudablemente, que se introduce un cierto elemento de distorsión que para algún caso concreto podía haberse eliminado. Pero también estamos convencidos de que si los criterios se respetan y se elimina la intervención personal del investigador que a cada paso podría ir manipulando y trastocando el significado de los datos (a partir de fuentes e informaciones dispares o fragmentarias en las que es mero azar el que un sujeto pueda aparecer o no), a la larga se sale ganando pues, si se aclaran los términos, los datos sólo dicen lo que dicen, se ajustan más a su valor facial, y su significado queda claro para otros investigadores que los quieran contrastar, ampliar o replicar.

De ese modo, la cuantificación llevada a cabo a partir de bases de datos muy grandes se convierte en un análisis más preciso pues cada concepto de la clasificación adquiere un significado concreto, objetivo (si ese rasgo se puede aplicar a los hechos históricos) y previamente definido que facilita en términos generales la interpretación al eliminar en los datos gran parte de la ambivalencia que todo hecho arrastra consigo.

Pero lo que también resulta evidente es que todo trabajo de cuantificación sobre grandes muestras no puede detenerse en la realización de unos pocos cuadros generales que en su exquisita simplicidad nos resuman y condensen el resultado de un proceso histórico más o menos largo. Es necesario también entrar en el detalle y cruce de variables para entrar en el pormenor y descubrir la riqueza de las situaciones concretas que se enmascaran (o confunden) en las grandes síntesis de resultados.

Eso es lo que se ha pretendido hacer a lo largo y ancho de las páginas de este capítulo, que a pesar de su extensión no ha hecho sino pasar muy por encima, y de corrido, a la hora de comentar la mayoría de los cuadros de resultados obtenidos.

 

 

 

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Última actualización:
21/03/06