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"La desamortización de Mendizábal en la provincia de Zaragoza (1836-1851)".  P. Marteles, 1990. (pmartele@pie.xtec.es)

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10.6.- LA JUNTA Y EL CLERO REGULAR FEMENINO

10.6.1.- MONASTERIO DE SANTA LUCÍA

Situado en la plaza de Santo Domingo, tenía en su iglesia muchos cuadros y esculturas de mérito, que perecieron durante los Sitios. Más tarde, las religiosas de la orden de San Bernardo, habilitaron unas casas antiguas con un pequeño oratorio y habían cubierto ya la iglesia cuando la supresión les obligó a trasladarse al convento de las Clarisas, donde aún permanecían ocho en 1850. Durante la guerra carlista sirvió de polvorín de la fortificación y más tarde de almudí público. Madoz dice que, al parecer, cuando él escribía se había dispuesto su restitución a las monjas.

Un mes después de la entrada de Cabañero en Zaragoza, el 5-4-38 la Junta tuvo que celebrar sesión extraordinaria pues el Brigadier Comandante General interino le había enviado una comunicación "manifestando la necesidad de establecer diferentes almacenes de pólvora que con oportunidad pudieron servir a la defensa de la línea de fortificación de esta capital y que según el parecer del Comandante Principal de Artillería y Director de Ingenieros que creyó conveniente oír a la Junta de Defensa en sesión que celebró ayer se habilitase al efecto el convento de Santa Lucía, designando al propio tiempo el de Descalzas de San José, sito en la línea de Santa Engracia a la puerta del Carmen para agregarlo a dicha fortificación como indispensable a la seguridad de esta plaza"

Ambos conventos fueron puestos a disposición del Jefe de Ingenieros, mientras se esperaba confirmación de la Superior, dado que "el objeto a que se destina estos edificios es del mayor interés a la población para evitar sucesos semejantes a los del Memorable día 5 de marzo último". La entrega fue aprobada por la Superior el 30-8-38 y dos años más tarde, una vez terminada la guerra, al disponerse que los Ingenieros abandonasen el edificio, el Director Subinspector de Ingenieros presentó a la Junta una reclamación de 6.247r gastados en la rehabilitación del inmueble. Ante ello la Junta comunica a Capitanía, y da conocimiento a la Junta de Gobierno para que ésta determine lo más conveniente:

"lo mucho que le ha extrañado que el material de Ingenieros quiera reintegrarse una suma empleada precisamente para comodidad del mismo y de ningún modo a beneficio del convento, y aún cuando así hubiese sucedido no dejaría de ser chocante que sobre la cesión gratuita hecha al Cuerpo de Ingenieros, se hubiese de abonar a éste del gasto causado en la habilitación; finalmente que el estado de abandono que supone el Subinspector, para dar sin duda más fuerza a su pretensión, carece de fundamento y aventura una expresión ofensiva a los individuos a cuyo cargo corría el cuidado del edificio; porque si bien era consiguiente que hubiese desmerecido algún tanto como sucede a todos los que no se habitan, desde la salida de las religiosas, la Junta tenía un encargado para su custodia, utilizaba el arriendo de las casas inmediatas, que abandonaron los inquilinos al colocar la pólvora en el convento y no había transcurrido tanto tiempo desde su supresión hasta la entrega al ramo militar para que pudiera calificarse de abandonado en el sentido que con tanta ligereza se ha asegurado por el Ingeniero"

La expresada Junta de Gobierno había dispuesto el 21-9-40 que se entregara el Monasterio al Ayuntamiento para establecer el Almudí público que hasta entonces estaba en Santa Isabel. El 17 de octubre, después que hubiera tenido lugar la reclamación anteriormente mencionada, el Comisionado entregó las llaves al Ayuntamiento.

Con fecha 27-1-38 se había permitido que el Comandante del Presidio Correccional extrajera algunos cascotes de ladrillo que había entre las ruinas de la antigua iglesia y finalmente, el 9-11-40 las antiguas religiosas del convento solicitan una tarima que antes tenían y se les concede.

10.6.2.- COLEGIO DE LAS VÍRGENES

Situado en la calle de las Vírgenes estaba dedicado a "admitir solteras hidalgas y viudas de buena fama que querían vivir en él, sin obligación de voto alguno y pudiendo salir cuando les pareciera".

El edificio no parece haber sufrido mucho deterioro con los Sitios y en esta época no se mencionan reparaciones a pesar de que un elevado número de personas tuvieron habitación en él y estuvo dedicado a múltiples usos.

En noviembre de 1837 José Pérez obtiene una habitación, la llamada del Andador y ante la ausencia de puerta pide que se le coloque una. La Junta lo concede, pero como el interesado va a ganar algo más de espacio manda se tasen los desvanes que la colocación de la mencionada puerta le va a proporcionar. Durante el mismo mes, Carlos Desjardins y Francisco Berdier, profesores de francés, letra inglesa y dibujo, obtienen una sala que habían solicitado el mes anterior para colocar su escuela. Raimundo Ayala, Agustín Vistuer, Pedro Invernon y Joaquín López, ocupan otras tantas habitaciones y a Felipe Almech se le concede el arriendo de dos salas con la condición de que las desaloje tan pronto como haya licitadores para su venta.

El 2-12-37 Zenón Figueras solicita tres cuartos y una falsa y el 29-12-37 se le concede un espacio a Antonio Figueras por sólo 200r en atención a que tiene las ventanas altas. El 10-2-38 se aprueba la tasación de la habitación de Cosme Ruiz en 320r y otra a otra interesada por 120r. El 21-5-38 obtienen habitación Pablo Barquero, Lorenzo Correcher, Lamberto Urchaga e Isabel Mateo y se aprueba la solicitud de Marcelino Sola, para el arriendo del refectorio y tres cuartos; sin embargo, el 2-7-38 Sola no ha podido ocuparlo aún "porque se hallan allí los muebles inventariados en el tiempo de la supresión" y se le dan órdenes terminantes al administrador para que desaloje y comunique de qué muebles se trata.

El 29-5-38 Santiago Fonta pide dos salas del piso principal y a otros muchos que buscan habitación se les comunica que se pongan en contacto con el arquitecto. María Cicognani solicita la sala de las cocinas y otra habitación Agustín Garcìa.

El 25-12-38 Camilo Figueras pide arrendar la totalidad del edificio y el 20-3-39 se dispone salga a pública subasta teniendo en cuanta las mejoras que hayan hecho en él los distintos inquilinos. Entretanto la Junta había tratado de colocar en el edificio a Aquilina Sáez, viuda de Gaspar Ando, capitán de granaderos del Regimiento de Córdoba, muerto en la brecha de Morella y que pide habitación gratis. Y también el 28-1-39 el Jefe Político de la provincia había pedido a la Junta que informase sobre la solicitud que habían dirigido a S.M. la Sociedad Aragonesa y Academia de San Luis para la cesión del Colegio con objeto de " poder establecer en él escuelas y cátedras puestas a su cuidado".

El 30-3-39 Esteban Lacasa, vecino de Zaragoza, pide la enajenación o cesión de un trozo del edificio, pero por estar de obras no se pude prever. Más tarde, Lacasa solicita que se le abone la parte de obra de una pared medianera entre el colegio y su casa nº 40 y 41 de la calle de las Vírgenes "según leyes y costumbres de este país". En enero de 1840 la Junta Superior responde que Hacienda se haga cargo del pago y por fin el 21-9-40 se le abonan los 1.253r a que ascendía la obra.

El 11-3-40 el carpintero Francisco Bello quiere alquilar una habitación y el corral, pero una semana más tarde se dispone que no ha lugar la petición. Al caducar los arriendos, el 2-5-40 Esteban Lacasa solicita que la Junta se entienda con él ya que se compromete a pagar los 4.090r a que ascienden los alquileres. Se dispone que se saquen a subasta por separado el día 14 y que se prevenga a los inquilinos.

El 2-6-40 Bautista Lubens, uno de los inquilinos obtiene por 280r una habitación que no se había arrendado el día de la subasta por estar tasada en 400. Ese mismo día, Sebastián Pallarés, administrador del Colegio, había presentado la dimisión de su cargo y le fue aceptada para tan pronto como hiciera efectivos los alquileres de los ocupantes. El secretario de la Junta dio cuenta además de algunos desórdenes cometidos por los habitantes del Colegio y de la necesidad que había de encargar el cuidado del edificio a uno de los que lo estaban ocupando con la prevención de que diera parte de cualquier ocurrencia que merezca corrección y de autorizarle debidamente para que los demás inquilinos lo respetaran.

La Junta acuerda que la persona encargada sea Pedro Invernón y que al efecto "se le pase el correspondiente oficio a fin de que tenga a su cuidado las llaves del convento y procure que bajo ningún concepto se altere el orden doméstico ni se alberguen personas de mal vivir, dando inmediatamente cuenta a la Junta de cuanto se ofreciere para poner el remedio que convenga". La intervención de Invernón no se hizo esperar y así, un mes tarde, informa de faltas cometidas por los inquilinos y el no cumplimiento de lo estipulado en la subasta.

El 6-10-40 la Junta dispone que Esteban Lacasa nombre perito por su parte para proceder a la tasación que ha solicitado. El Gobierno ha dispuesto que se vendan los conventos y la Junta reconoce que desde hace unos meses el cuidado de las Vírgenes es una tarea harto ingrata.

10.6.3.- CONVENTO DE LAS CAPUCHINAS

Situado en el paso interior de Santa Engracia. Derruido durante los Sitios, se había reedificado parte del convento y construido una bonita iglesia cuando la comunidad fue trasladada al convento de las Clarisas de Santa Catalina, donde permanecían en 1850 las trece religiosas de que constaba. Tanto el convento como la iglesia fueron vendidos a Fermín Zacarías Iñigo y en su lugar se estableció una "hermosa casa de baños", con un gran salón de entrada, de 800 pies superficiales, sobre el cual se construyó la casa del dueño, desde la que se descubre "el monte de Torrero y gran parte de las huertas y paseos, formando el cuadro más pintoresco que presenta la capital".

La única solicitud de 1837 es la de Zacarías Iñigo que se apresuró a pedir el arriendo de la huerta. De las vicisitudes de este arriendo hemos dado cuenta en el apartado de Inventarios.

Con respecto a las solicitudes de habitación este convento contó igualmente con una larga lista de ellas. El 15-1-38 Antonia Rodrigo solicita cuatro cuartos en las Capuchinas, el Carmen o Santa Catalina. El 10-5-38 se le concede habitación para él y su familia a Domingo Tartón, Teniente de Infantería, Segundo Ayudante cesante en esta plaza. El 21-5-38 el barbero Juan Guimerá solicita una habitación, así como Josefina Cicognani que la obtuvo finalmente en la Vírgenes.

El 29-5-38 Guillermo Polo, sargento licenciado del Primer Batallón de Fusileros de Aragón, pide se le proporcione habitación en este convento "como cree se hace con los nacionales de esta capital", contestándosele que se le concederá si está dispuesto a pagar arriendo. Y sí debía estarlo porque a fines de 1838 aparece ocupando dos celdas en el Carmen.

El 23-6-38, en sesión extraordinaria, la Junta rechaza la solicitud de Víctor Lana, Director de la Normal, que quiere colocar en él las Escuelas. Antes de comunicarle la negativa, fijan para dos días más tarde un encuentro, estando presentes Lana, la Junta, el Administrador y los inquilinos, tras el cual y con fecha dos de julio se le comunica al interesado que la Junta prefiere arrendarlo para habitaciones.

El 30-8-38 José Monterde, capitán de llaves de la ciudad, pide una habitación que ha ocupado por disposición del Capitán General; se le concede, así como a su ayudante, Manuel Blas. Con fecha 25-5-39 ambos vuelven a dirigirse a la Junta, exponiendo que el atraso en sus pagas no les permite abonar sus habitaciones y se dispone que el administrador les exija recibos contra la Pagaduría Militar del Distrito.

El 29-9-38, José Mª Sancho solicita una habitación derruida, corriendo a su cargo el gasto, siempre que se le descuente del alquiler. El mismo día Florencio Iñigo, Teniente Comandante de la Sección de Artillería en la capital, solicita la iglesia del convento para colocar piezas, cajas y munición y pide que la Junta se encargue de ponerle puertas, pues la Sección carece de fondos. Se le concede la iglesia, pero con respecto a las obras nada puede hacer la Junta, por hallarse también sin medios.

Unos días antes de que se presentara esta solicitud, el arquitecto había informado de que el cerrajero de la calle de la Cruz, Miguel Rodrigo, llamado el bailador, tenía en su poder toda la carpintería de las Capuchinas para una obra que trataba de hacer en dicha plaza. El 25 de diciembre todavía no se ha hecho cargo el arquitecto de esos efectos, pues como se siguió una causa contra Rodrigo, como ocultador de bienes de la Nación, el juez exige una orden de la Junta para ponerlos a su disposición.

Una solicitud que resulta curiosa es la que con fecha de 29-11-38 dirige el propio administrador del convento, pidiendo una habitación gratis para que "estando al frente de él, impida que sus habitantes lo deterioren más de lo que está y hagan el pago de sus respectivos arriendos con la puntualidad que se desea", pidiendo al mismo tiempo que se pongan las puertas y ventanas que extrajo el arquitecto "para evitar las reclamaciones que con motivo de la estación le hacen los inquilinos" y que se repare el cielo raso de un claustro para evitar que se desplome. La Junta no le concede la habitación y le recuerda que tiene obligación de responder por la conservación y pago de alquileres; manda reponer lo necesario, pero con la condición de que se suban los arriendos y que se haga la obra del claustro por los 60r de la tasación "o, por menos, si puede conciliarse la economía con la solidez".

El 25-12-38 Manuel Paniello solicita arrendar la casa llamada del cura o del capellán y la porquería, concediéndosele tras el informe de las oficinas de Amortización el 16-2-39. En abril de 1840 el mismo interesado solicita que se le abonen los gastos de las obras que ha ejecutado y estando conforme la Junta, se pide aprobación a la Superior.

José Jurado pide el 25-12-38 un corral contiguo a las Capuchinas, y Ramón Azón, al que se acaba de confirmar en la habitación que ocupa por 100r solicita en nombre de todos los inquilinos del edificio que se les arriende el espacioso corral. La Junta pide a Amortización que le informe de cuál es la parte que tiene arrendada Fermín Iñigo. Dos meses más tarde, ante la falta de datos, la Junta se dirige a Iñigo para que declare lo que tiene a su cargo y condiciones del arriendo. Las gestiones no debieron llevar a ningún resultado porque en noviembre de 1840 Romualdo Nuez y Ramón Azón vuelven a pedir el corral por donde pasa el agua que da riego a la huerta y paseo de Santa Engracia ofreciendo 160r. El 28-1-39 el arquitecto presenta una cuenta de 248r "por reparos en el edificio", que se aprueba el 16-2-39.

El 26-4-39 Manuel Falcón, vecino de Zaragoza, pide en enfiteusis el convento "para establecer en él una prensa hidráulica para moler oliva y otros usos". El 22-5-39 se dispone que Amortización instruya el expediente necesario para responder a la solicitud de Falcón, pero el 9-6-39 se rechaza en última instancia porque la Junta sólo puede ceder en enfiteusis a los establecimientos de utilidad pública. Más tarde, el 11-3-40, como consecuencia de la R.O.de 18-1-40 y a solicitud del mismo interesado, la Junta dispone que se anuncie la subasta en venta del edificio de las capuchinas, la huerta y la casa contigua al mismo, y que para ello se publique en el Diario de Zaragoza, el Eco de Aragón y en el Boletín Oficial de la provincia.

El 23-8-39 Andrés Anaya había solicitado el arriendo de la iglesia y se había mandado tasar, pero haciéndole saber al interesado en 27 de agosto que había de manifestar a la Junta el destino que pensaba darle.

A principios de 1839 se encontraron, gracias a la acción de un delator, varios efectos de carpintería y herraje en la casa de baños de Mariano Allué y que habían sido extraídos de este convento. Se nombró en abril a Mariano Minenti, maestro carpintero para que los tasara y de este modo poder satisfacer al delator el premio del 10% de la tasación, que ascendió a 3.500r. Finalmente, el 6-5-40 se le abonaron los gastos al arquitecto por haber incomunicado el Panteón del convento, cuya obra había reclamado el Gobierno Eclesiástico de la Intendencia.

10.6.4.- CONVENTO DE CARMELITAS DESCALZAS DE SAN JOSÉ

Situado junto a lo que más tarde se llamaría la nueva puerta de Santa Engracia, su comunidad se trasladó durante la guerra carlista al convento de las Fecetas, donde aún quedaban siete religiosas en 1850. Parte de lo que fue edificio y huerta se convirtió en paseo exterior de Santa Engracia y el resto lo habilitaron los Ingenieros para instalar su cuartel. El estado del convento debía ser lamentable, pues el 4-11-37 la Junta

"visto el oficio del Comisionado de Amortización, de 23 del finado, manifestando que puede dar habitación en dicho convento de San José a cuatro o seis familias patriotas, pues de lo contrario está expuesto a derruirse, acordó que toda vez que no se encuentran otros medios en el momento para conservar dicho edificio lo habiten las familias que indican, pero probando competentemente no tienen medios para poder pagar alquiler aluno y que sean eminentemente patriotas y con la precisa circunstancia de que cesará esta concesión en el momento que se enajene aquel local o se presente alguna licitación para su arriendo"

El 15-12-37 Manuel Insa y consorte piden vivir en el convento de San José o en el del Carmen, con la condición de encargarse de su conservación y la Junta les concede el de San José. El 5-4-38 el convento fue cedido provisionalmente al cuerpo de Ingenieros para la fortificación, y unos meses más tarde, el 30 de agosto, la Junta Superior dio su aprobación a esta cesión.

10.6.5.- CONVENTO DE NUESTRA SEÑORA DE ALTABÁS

Situado en la plaza de Altabás, en el Arrabal, quedó completamente destrozado durante los Sitios, pero las religiosas de la orden de San Francisco edificaron una iglesia y convento nuevos; al ser enajenado el convento, la Comunidad se trasladó al de Jerusalen, de las clarisas, donde aún permanecían diez de ellas en 1850. Su iglesia quedó constituida en parroquia y en los edificios, vendidos por el Gobierno, se habían construido "dos hermosas posadas muy concurridas".

En un principio la Junta destinó este edificio al arriendo de habitaciones, pero dado su buen estado y emplazamiento, se creyó más conveniente arrendar todo el edificio dedicándolo a posada.

La primera solicitud, de 10-11-37, es de Joaquín Morés, presbítero y regente de la parroquia de Altabás, que solicita una habitación gratis y se le concede. El 20-7-37 Manuel Lafuente había pedido el arriendo de las huertas y se le comunica que se dirija al Intendente, que es a quien compete.

El 23-2-38 el Gobernador Eclesiástico solicita la traslación de las rejas del locutorio al convento de Jerusalén para hacer en éste otro nuevo. La Junta accede con tal que las monjas paguen el arranque y tapen después el hueco, dejando así asegurada la habitación que tiene allí una inquilina. Sin embargo no se cumplió la gestión de inmediato, pues el 30-8-38, sor María Francisca Guillén, ex-ministra de Altabás, las solicita de nuevo y la Junta le contesta que las cede si acepta el precio por el que se tasen.

El 10-5-38, José Fernando Moreno, solicita arrendar la parte del convento que está desocupada y la Junta le responde que estaba practicándose la visita para dar destino a todos los conventos de la capital y era mejor esperar. Pero no fue necesario por mucho tiempo, ya que el 21-5-38 la Junta aprueba el proyecto y la tasación para establecer allí una posada, según proponía el arquitecto y dispone que se anuncie una subasta cuatro días más tarde.

En la misma sesión del 21 de mayo "el señor Teniente del Rey en esta plaza, en papeleta del 10 del actual dice que se admita en uno de los locales a Joaquín Lasheras y su esposa, soldado retirado e imposibilitado por estar ciego y no tener donde abrigarse por la escasez de sus pagas" y la Junta, un tanto irritada por el modo y manera de solicitarlo, acuerda que el Teniente del Rey "no es autoridad competente para mandar papeletas a esta Junta". Sin embargo, el 29 de este mes se le concedía a Lasheras una habitación a "módico precio" en el Carmen.

La Junta de la Parroquia de Altabás, en unión con los jefes de la Milicia Nacional del Arrabal, habían solicitado un trozo del edificio para agregarlo a la iglesia, pues les resultaba muy difícil congregar a todos los fieles en ella. Y el 25-5-38 la Junta convoca una sesión extraordinaria, pues el señor Alcalde, Junta Parroquial y Párroco del Arrabal, en una exposición del día anterior han solicitado se suspenda la subasta anunciada en la prensa, en la parte que tiene relación con la entrada de la iglesia, habitación del cura y local denominado locutorio, como necesario en su concepto para ampliar la parroquia, la cual piden se les conceda en propiedad. Se dispone que se segregue lo solicitado, "atendiendo a que el culto se celebre con decoro en la parroquia, pero que el cura se avenga a pagar alquiler por la habitación que disfrutaba gratuitamente". La parroquia puede disfrutar de la iglesia en tanto que se vea que la iglesia vieja de dicho convento puede habilitarse.

Francisco Tena fue el rematante de la subasta y en adelante los conflictos de éste con la parroquia, el administrador y con la Junta, constituyen una serie interminable de citas en el diario de sesiones. El 6-6-38 Tena solicita se le permita abrir una puerta en uno de los cuartos de San Lázaro, inmediatos a la posada y el 29 de noviembre se le concede, con tal que la obra sea sólida y de la misma forma que la puerta contigua. El 19 de junio solicita una pila del convento de Jesús para utilizarla como abrevadero de las caballerías, y se le concede siempre que no se le de utilidad donde se halla.

El 2-7-38 Romualdo Martínez, vecino del Arrabal, pide el arriendo de un local del edificio viejo del convento para establecer una escuela de primeras letras y se le concede.

El 12-8-38 Tena solicita que se le arriende el convento viejo, pues necesita granero, excusado y pajar para su posada. Tres días más tarde la Junta dispone que se saquen a subasta el edificio viejo y su iglesia, pues aunque Mariano Soler, arrendatario de la iglesia en 200r, había solicitado la prórroga, se juzgó más conveniente el subastarlo todo cuando terminara su arriendo el 24 de octubre.

Con respecto al convento viejo, Tena, que tenía arrendado el nuevo solicitó el 29-9-38 la suspensión de la subasta. El interés que le movía a ello aparece mejor explicado en otros escritos que llegaron el mismo día. En uno, el administrador del convento se queja de que "Tena había dispuesto a su arbitrio de la parte del viejo, arrendándolo parte a personas y lo restante destinándolo a pajar y a custodiar granos y efectos y también haber abierto comunicación con la bóveda de la iglesia vieja ocupándola también y poniendo en ella paja y extrayendo algunos maderos que se hallaban en aquella".

A ello había que unir la queja de la Junta de la Parroquia que hace presente que Tena ha ocupado "la bóveda incomunicada sobre la iglesia del convento que sirve de parroquia, para almacén de paja, exponiéndola a un incendio y aún a la indecencia que resulta, por descender alguna porción de paja sobre los fieles estando en los oficios del culto" y solicita, además la campana del convento viejo. Ante esta perspectiva fue desechada la petición de Tena y se le dieron poderes al administrador para que desalojara la paja y levantara un informe de lo que Tena había realizado en el convento. En cuanto a la campana se dispuso su entrega por el precio de su tasación.

El 20-3-39 el administrador comunica que si no se toman medidas fuertes contra el arrendador, "no pagará la mitad del arriendo vencido y los 160r de la piedra que existía en él". Tras apremiarle a que pagara y hacerlo convenientemente, el 30-3-39 el administrador confirma que Tena no era un arrendatario fácil pues le ha "reclamado diferentes veces la composición de dos pilares del pozo que con motivo de haberse caido el brocal, amenazan próxima ruina".

Del 15-9-38 es la noticia de que la Junta había permitido a los parroquianos de Altabás que tomaran una puerta del convento del Carmen a cambio de otra de dos hojas que había en el convento viejo de Altabás.

10.6.6.- CONVENTO DE JERUSALÉN

De religiosas clarisas, estaba situado en el salón interior del paseo de Santa Engracia. En 1850 quedaban 11 religiosas y su convento e iglesia que habían sido derruidos por completo se habían reedificado. Cuando la supresión habían ido a parar allí las religiosas de Altabás y las de Santa Lucía. Debido a que se mantuvo ocupado por su comunidad, la Junta sólo se vio obligada a intervenir en contadas ocasiones.

El 29-7-39, Mª Francisca Vela, presidenta del convento, comunica que el Ayuntamiento le ha mandado retirar en el plazo de ocho días la tapia del convento a la línea marcada para llevar adelante el paseo proyectado y ellas carecen de medios para costear el derribo, a lo que la Junta contesta que dado que se trata de un presupuesto muy barato, ellas podrán costearlo con toda seguridad.

El 2-5-40 la Comunidad solicita a la Junta que se le faciliten algunas puertas, ventanas y rejas que haya en los demás conventos, para poder continuar las obras que tienen comenzadas en el suyo. El Gobernador Eclesiástico informa favorablemente de esta petición y se piden informes a los subalternos para ver lo que haya disponible al respecto. El 14 de mayo se les recomienda se dirijan al Brigadier 2º Cabo, pues el Director de Ingenieros tiene almacenados estos objetos en la Aljafería, para que les proporcione lo que necesiten. Finalmente, el 25 de mayo, el Brigadier comunica que espera que el Secretario pase para hacerse cargo de los objetos, previo resguardo, que va a entregar a las monjas.

10.6.7.- CONVENTO DE SANTA FE

El edificio sufrió bastante durante los Sitios, pero se hallaba habitado y corriente cuando las religiosas dominicas lo abandonaron en 1835. Madoz dice que se trasladaron al convento de Santa Inés, donde aún permanecían 12 de ellas en 1850. Sin embargo, como hemos visto, el traslado se efectuó al de Santa Rosa que era también de las monjas dominicas. En esa fecha los locales del convento habían sido destinados por el Gobierno para museo de pinturas.

El 27-1-38 José Pedrol solicita la compra de la huerta, pero no pertenece a la Junta sino a Amortización el solucionar este negocio. El 19-4-38 vio la Junta el oficio de Capitanía General

"insertando una R.O. de 26 de marzo anterior dictada en consecuencia de la exposición hecha a S.M. por Dª Fernanda y Dª Carlota Marín, pensionistas del Montepío Militar, por sí y a nombre de las de su clase, por la que después de hacer presente su estado de miseria a causa de la falta de de pagas, piden y S.M. quiere, se les abrigue en los edificios suprimidos de la Nación y con este motivo el señor Brigadier Comandante General del Distrito indica se les señalen los locales destinados al objeto en la inteligencia de que se habrá comunicado dicha real resolución; en su vista se acordó contestar al referido Comandante General que no se ha recibido la R.O. que se cita y aunque tendría una satisfacción en proporcionar este recurso a las clases militares que han defendido la Patria, en alguno de los conventos que puede haber desocupados, podría servirse entretanto que se la comunica aquella Real resolución, dirigirse al Excmo. Ayuntamiento por si le fuese posible acoger a estas interesadas en el de Santa Fe, que tiene cedido para los patriotas de Gandesa y Morella, y, que si esto no fuese asequible al conseguirlo, se dirijan al Comisionado principal de Arbitrios de Amortización, a fin de que lo haga, si hay sitio, en el suprimido de religiosas de Altabás"

Como vimos anteriormente, a estas pensionistas se las colocó en Santo Domingo, así como a María Ricarte y Cornell que "por horfandad y falta de auxilios para subsistir", había solicitado una habitación gratis el 10-5-38.

El 6-6-38 la Priora de Santa Fe, ruega a la Junta que le conceda las campanas de su convento, pues "son de poca utilidad" y las necesitan en Santa Rosa donde ellas se hallan instaladas. No se encuentra inconveniente para ello, siempre que sea a condición de que se las permute con las de Santa Rosa.

La ocupación indebida de locales era misión de los administradores denunciarla y de ese modo vemos que Mariano Viamonte se queja a la Junta el 2-7-38 de que Andrés León, habitante de la Morería Cerrada se ha apropiado de dos cuartos que quedaron aislados cuando se tabicó la pared maestra del convento. La intención de Viamonte era arrendar aquel espacio. El 12-7-38 León pasa a la Junta una certificación librada por el Notario Mayor del Gobierno Eclesiástico, acreditando que las monjas le habían cedido temporalmente un rincón en forma de siete, situado entre la calle confrontante con el convento y su casa, además de un cuarto contiguo del que ellas no hacían uso. El 30 de agosto el arquitecto confirma lo que dice León y lo tasa en 100r, pero 15 días mas tarde no satisfecha la Junta, envía el expediente al Asesor de ventas para que dictamine. Finalmente y conforme al dictamen del Asesor, el 25 de octubre se decide que se subaste el local, dado que otro interesado, Andrés Serrano, ha demostrado interés por él y ofrece 120r.

El 9-6-40 Francisca Lorca, viuda de Fernando López, Teniente retirado, pide una habitación "a causa de su miseria" y se la recomienda al Ayuntamiento.

Con fecha 31-8-40, con la guerra acabada y cuando se estaba dando destino a la mayor parte de los conventos, llega a la Junta una solicitud que nos parece en extremo significativa. Por conducto del Intendente las religiosas capuchinas de Santa Catalina y las de Santa Fe solicitan que se les tasen sus respectivos conventos para poder volver a ellos. Se manda en comisión a Roched, López y el Secretario para que vayan a tomar noticias. Visto el 17-11-40 el informe presentado y

"con vista de cuanto se manifiesta acerca de la estrechez e incomodidades que sufren las religiosas, se acordó redactar el dictamen que se debe pasar a la Superior, inclinando el ánimo del Gobierno en favor de las de Santa Fe"

Como sabemos, las monjas de Santa Fe no consiguieron su objetivo, mientras que las de Santa Catalina, en noviembre de 1840 se habían trasladado ya a su convento, por disposición del Gobernador Eclesiástico.

 

 

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Última actualización:
21/03/06